Careas

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Estoy seguro de que los animales van al limbo. De alguna forma se tienen que ver recompensados por esa relación tan especial que tienen con los niños. En mi caso, uno de mis recuerdos más primeros fueron dos perras; la Chula y la Mori. Posiblemente, junto con el corral de ovejas, las últimas ruinas de aquel rebaño que decían había tenido mi abuelo. Son recuerdos muy endebles. El color era diferente, pero creo que eran dos animales muy parecidos a los de la fotografía. De lo que estoy seguro es que un día, bajo aquel corredor de madera, a la puerta de la cocina vieja, la Chula y yo nos miramos fijamente. Teníamos los ojos a la misma altura. Ella ya estaba muy cansada. Y no me preguntéis por qué, pero entonces yo saqué de aquellos ojos la sensación, la sensación muy cierta de que algo (o mucho) de todo aquello estaba muy cerca de morir.

Fuente foto: Carea leonés, perro de pastor.