EL DESIERTO DEL DUERO

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Es una de las explicaciones más extendidas para entender la Reconquista. Sin embargo, aceptarla o no supone enfocar de formas diferentes los orígenes del Reino de León

TIERRA DE CAMPOS EN VALDERAS

Hablar de los siglos VIII y IX es hablar de un paréntesis en la historia leonesa. Apenas hay testimonios, apenas la arqueología ha desvelado escasas evidencias que nos hablen de la presencia humana en este territorio y lo poco que sabemos se reduce a hipótesis muy contestadas. Una de ellas, quizás la más extendida, es la que se conoce con el sugerente término historiográfico de Desierto del Duero. A pesar de que no fue su autor, fue el historiador Claudio Sánchez-Albornoz el que la hizo enormemente popular, hasta tal punto que esta interpretación de la historia es la que más extendida se encuentra entre los leoneses. Seguro que usted también la conoce

Tras la conquista musulmana, un grupo de nobles visigodos se refugiaron en los brumosos y profundos valles cantábricos para, sobre un solar indígena escasamente romanizado, formar los principios de un reino: el reino de Asturias que encabezó el proceso histórico conocido como la Reconquista. Al mismo tiempo, en la meseta, los cristianos abandonaban sus extensos campos y sus hogares para seguir a los primeros monarcas asturianos y refugiarse en sus montañas. Se formaba así un «desierto» que funcionaría estratégicamente frente al enemigo musulmán; ningún ejército sería capaz de abastecerse en aquel yermo. Con el paso de dos siglos y las primeras conquistas militares, los habitantes del reino asturiano regresaron de nuevo al valle del Duero derramando sobre él los nuevos pueblos y ciudades que darían origen al Reino de León.

Esta teoría fue desde el primer momento tan popular como enormemente cuestionada. Para empezar, suponía que, de haberse producido, el corte histórico sería radical. La influencia musulmana en toda la mitad norte de España habría sido prácticamente nula y la Reconquista se habría producido por reinos de origen godo y cultura enormemente europea. Pero dejemos esta cuestión que llevó a Sánchez-Albornoz a agrias polémicas con Américo Castro sobre el «ser de los españoles» para centrarnos en lo que supone para la historia leonesa. Aceptarla es aceptar un profundo corte entre el mundo antiguo y el medieval. Así el Reino de León se habría construido ex novo y sin vínculo con el pasado más antiguo de esta tierra. La organización social, los concejos y hasta la lengua habrían llegado con los protagonistas de las nuevas repoblaciones y serían de origen netamente medieval. Pero, ¿hasta qué punto es fiable esta teoría? Como quedó dicho más arriba, fue criticada desde el momento en que fue enunciada. Y, a pesar de haberse hecho tan popular, los argumentos en contra han sido de un peso considerable. Para empezar, si ese «desierto estratégico» funcionaba como un freno frente a los ejércitos de al-Ándalus, también lo hubiera hecho en sentido inverso. Pero además contamos con numerosos testimonios que nos demuestran lo contrario, como los de Ibn Idari e Ibn al-Athir que hablan de un ataque musulmán a la ciudad de León cuyos habitantes tuvieron que refugiarse en los montes cercanos algunos años antes de que reinase Ordoño I:

Algunos argumentos

«En el año 231 [año 845-846 d.C.] hizo algazuar en la expedición de verano a Galiquia a Muhammad Ebnu-lAmir Abdi-r-rahman que la rodeó, sitiando la ciudad de Liyón (León), que combatió con almajaneques (una especie de catapulta de tracción humana); y cuando conocieron (los sitiados) que estaban perdidos, salieron de noche y se acogieron a los montes y a los lugares pantanosos, y él quemó lo que había en ella, y como pensara destruir su muro halló que tenía diez y siete o diez y ocho codos (casi diez metros), y lo dejó y se metió por el país de la cristiandad, robando y cautivando.»

Otro argumento en contra de la teoría de Sánchez-Albornoz es la continuidad de la toponimia de origen visigodo, romano e incluso prerromano, o la de la continuidad del santoral visigodo en los pueblos de la diócesis de León como demostró Luis López Santos ya en 1952.

Podrimos seguir con argumentos, pero nos alargaríamos demasiado. Lo que está claro es que la continuidad poblacional queda demostrada. Es posible que sus habitantes fuesen súbditos de los reyes asturianos que no podrían afianzar claramente su autoridad sobre estos territorios. Estos lo conseguirían más adelante mediante las repoblaciones que no serían, por tanto, la llegada de habitantes a un territorio despoblado sino la organización política, mediante leyes, de unos monarcas que trataban simplemente de recomponer bajo su poder la unidad administrativa de la antigua provincia romana de la Gallaecia.

Publicado originalmente en el Diario de León

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