La historia oficial cuenta que la última hablante de córnico fue Dolly Pentreath, una mujer rebelde que vendía pescado en el tranquilo pueblo costero de Mousehole, en la costa de Cornualles, mientras fumaba en pipa, bebía cerveza y maldecía e insultaba a los viandantes con las últimas palabras del idioma tradicional del condado, una lengua de origen céltico que agonizaba en aquellos tiempos, a finales del siglo XVIII. Genio y figura hasta la sepultura, dicen las malas lenguas que la señora Pentreath, en su lecho de muerte, todavía acertó a rumiar a los presentes, eso sí, en buen córnico, que nunca conseguirían hacerla hablar en inglés. El caso de Pentreath…
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Lenguas y banderas
Que una lengua es inseparable de la comunidad que la habla es un hecho insoslayable. Cuando a principios del siglo XX Gumersindo Azcárate buscaba caracterizar al pueblo leonés en las páginas del periódico La Democracia, hacía hincapié en “una cosa que pocos españoles saben, y es que en tierras de León ha habido un dialecto que aún en parte subsiste. Y sin embargo ha sido y está siendo objeto de trabajos interesantes dentro y fuera de España”. El sabio republicano se alejaba con estas palabras de una corriente conservadora e historicista que reivindicaba el antiguo Reino de León como símbolo identitario de lo leonés y se acercaba a otra más…
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Las brujas
Llegan fechas en que los días menguan y las noches abarcan cada vez más espacio de nuestra vida cotidiana. En otros tiempos, cuando la gente vivía a la sombra del monte y la llegada de la oscuridad era una amenaza que encogía hasta los corazones más valientes, el momento de recogerse al final de la jornada era la puerta por la que aparecían temores y se sentían acechanzas. A las débiles luces de aguzos y candiles, alrededor de fuegos que apenas servían de consuelo, se convocaban las historias que trataban de explicar lo inexplicable. ¿Quién estaba detrás del azar que gobernaba las temibles tormentas del verano? ¿Por qué enfermó la…
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Barroco e pais
Cerca de Viana do Castelo, en Portugal, hay un lugar que tiene el sugerente nombre de Barroco. No es fácil encontrarlo en esa maraña de carreteras que recorren el norte de la fachada atlántica del país vecino, uno de los lugares con la mayor densidad de población de Europa, donde un concelho se superpone al siguiente y las freguesias se amontonan junto al mar como queriendo partir y arrojarse al horizonte con esa vocación marinera que han fraguado a lo largo de los siglos los portugueses. Conduciendo por esas carreteras, me ha asaltado el topónimo a la vuelta de una curva. Barroco. Un lugar como cualquier otro de los que…
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Esos tesoros del cueto
El mes de agosto que, en otros lugares más septentrionales, es el mes del estío por excelencia, tiene en León un nostálgico sabor a fin de verano. En agosto, el frío al rostro; dice la gente por aquí. Y sus tardes, que van estrechándose por momentos, parecen pedirnos que nos abracemos a ellas aprovechando su regazo aún tibio y espacioso. Subir al Cueto de San Bartolo no nos llevó a Rodrigo y a mí más de lo que dura el final de una de estas tardes de verano. Desde el mirador, todavía se oía a nuestros pies la algarabía de los últimos bañistas que quedaban en el pantano de Villameca.…
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Giros del trillo y la memoria
Hay pocas cosas que tengan la endeblez y, a la vez, la solidez de la memoria. Me pide mi primo Miguel que hable aquí de la trilla. Me lo dice mientras hace un retrato de aquellos años de nuestra primera infancia en el que todo el pueblo hacía la vida en la era, girando sin parar sobre los trillos y escapando del polvo y del sol, como si fuera un tiempo distinto, ajeno al mundo de las cosechadoras y empacadoras que navegan los campos que nos rodean y que, con cambios técnicos, siguen haciendo la misma labor. Lo narra de tal forma que pienso que la memoria tiene la facultad…
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Esas inmensas noches de verano
Las noches del verano provocan una profunda evocación. El buen tiempo permitió siempre a la gente estar al raso, pasar largos ratos bajo las bóvedas de esa catedral que se ilumina a veces con la fuerza de un millón de cristales y sentirse ínfimos ante tanta inmensidad. Hoy, que escribo estas líneas al abrigo de un infinito cobertor de estrellas, no puedo dejar de recordar esa vaqueirada que cantan por ahí arriba, en esos montes que la luna perfila al fondo del valle: «Ay, qué nueite tan serena, que nun tien movimientu/ Ay, quién pudiera tener tan serenu´l pensamientu». Mirar hacia arriba, hacia esa calma vibrante que tienen los cielos…
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El verano invencible
Recuerdo que El Verano fue la primera obra que leí de Albert Camus. Una edición pobre y mal cortada que apenas sobrepasaba la palma de mi mano. Lo recuerdo perfectamente porque aquel libro me acompañó muchos días radiantes de las vacaciones de uno de aquellos cursos en la universidad, en aquellos tiempos en los que todavía un título perdido en el caos de una librería de viejo podía ser una promesa tan seductora como los meses que se abrían por delante. El verano era para mí entonces el imperio despreocupado del sol, pero enseguida descubrí en Camus que en otros tiempos hubo otros veranos donde las nubes se cernían como…
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Un solsticio para Mérida
Hoy este trozo de papel de periódico te lo dedico a ti, que naciste cuando el carro del sol está caminando por lo más alto de un cielo salpicado por nubes de desconcierto. Tú no lo sabes, niñita, como tampoco lo saben las flores ni los pájaros que llegan junto a ti este verano que entra, pero no pintan las cosas muy bien por aquí. No lo sabes porque todo esto que nos atormenta es cosa de otros. Y es que tú, como esas flores y esos pájaros, perteneces a la vida, y llegas como llegan todos los veranos al mundo, cargada con la imbatible fuerza de la ilusión y…
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¿Paréntesis?
En el pasado era muy difícil que una fiesta dejase de celebrarse. Incluso en medio de las catástrofes, la conciencia de la fiesta como valor comunitario no abandonaba a las gentes. Aquellas celebraciones que iban labrando la experiencia año tras año, siglo tras siglo, que iban dejando una huella bien marcada en la conciencia de los diferentes lugares y aldeas, eran de un valor incuestionable. Gracias a los ritos y celebraciones el grupo se afirmaba en el devenir infinito del tiempo, se hacía de hueso y carne, cobraba rango de existencia y el individuo encontraba bajo su manto un atisbo de consuelo. Hace ahora un año, desde esa ladera que…