Metrópolis. DAVID CAMPOS 2024
Contraportada,  Diario de León,  El Retrovisor

La mancha de aceite

Las tensiones internacionales con las que nos desayunamos cada día nos dicen que el imperialismo vuelve a estar de moda. En realidad es un fenómeno que nunca se fue. Desde la industrialización, durante el siglo XIX, las grandes potencias se lanzaron en una carrera frenética por dominar el mundo. Recursos, control de zonas estratégicas y la búsqueda de un espacio por el que expandirse hicieron que muchos hinchasen el pecho como gallos de pelea. Un día fueron los británicos y los alemanes, hoy Estados Unidos y China. Entonces fueron dos guerras mundiales y ahora las miradas se cruzan amenazantes con pullas locales en Ucrania o en Oriente Próximo. Como siempre, como fue siempre en esa carrera del negocio constante: imperialismo y capitalismo abrazados en su danza macabra.

Ahora Trump anuncia su intención de expandir su territorio por Groenlandia, un territorio que revienta de petróleo y tierras raras imprescindibles para la fase tecnológica de la revolución industrial en la que nos encontramos. Habla también de controlar a sus vecinos, de dominar las rutas estratégicas que unen el mundo, como el Canal de Panamá. En un último giro de tuerca, se anima a solucionar el problema de Gaza expulsando a los palestinos y construyendo en esa tierra una ciudad de vacaciones. El ocio también es negocio. Y más en esta era de calentamiento del clima; los que pueden acuden en masa junto al mar buscando mejores temperaturas. Y como esto de los desequilibrios no es algo que afecte en exclusiva a las relaciones entre estados, se ve uno obligado a volver los ojos, otra vez, a Robert Lafont cuando hablaba del colonialismo interno. 

Mirar mucho más cerca y a otra escala, por supuesto, y ver en qué se está convirtiendo este espacio en el que vivimos llamado España: ese Madrid que se extiende como una mancha de aceite desde Valencia hasta Lisboa. Trenes de Alta Velocidad, autopistas que salen de la capital en todas direcciones. Precios de inmuebles en la cornisa cantábrica que se disparan en una zona a la que cada vez acude más gente escapando del calor. Capitales en el interior que se van convirtiendo en ciudades dormitorio o en destinos de fines de semana para una población con un poder adquisitivo un 26% mayor que la del resto del país. Noticias madrileñas que invaden cada cocina desde Almería a la Coruña. Por no hablar del avance de zonas deshabitadas destinadas a la producción de energía mientras sigue girando por todas partes el inerme rizo melancólico de la España vaciada.

Las fuerzas de la economía, ya se sabe, imponen sus lógicas ordenando el territorio, aumentan los desequilibrios, retuercen los mapas hasta hacerlos irreconocibles. A pesar del estado autonómico, España se revela como un estado tremendamente centralista. El imperialismo vuelve a estar de moda, pero el imperialismo nunca se fue. Avanza en las relaciones internacionales, allá donde más suenan las noticias. Pero también lo hace mucho más cerca: como una inmensa mancha de aceite que o hacemos algo o poco a poco nos engulle.

Publicado originalmente en el Diario de León.