Esta semana, en un programa de televisión, el alcalde de la ciudad de León y un conocido periodista debatieron sobre el Reino de León. Parece que la movilización por el futuro de la provincia el sábado pasado ha conseguido que en la corte se acuerden de la aldea perdida. Así que allí estaban José Antonio Díez y Marhuenda debatiendo. Debatían, claro está, lo que puede debatirse en un programa mañanero de variedades. Y como en la manifestación cundían las banderas leonesas y las reclamaciones por la autonomía de la que es ferviente defensor el edil, había que hablar de los derechos históricos de León para constituirse en una nueva comunidad autónoma.
No hubo sorpresas. Como eso de las comunidades históricas se sigue entendiendo como los derechos que asisten a un territorio por su solera medieval, allí salió (otra vez) el viejo reino, la hoja de roble, el añejo reino de León o, como diría un amigo, el reino de Narnia. Nada que objetar, en principio, a la idea de uno de los símbolos históricos más queridos por los leoneses, pero de ahí a pensar que su mera presencia en el pasado justifique una reclamación autonómica va un cacho. Nadie reclama la vuelta del imperio austrohúngaro que yo sepa. El asunto es que la historicidad de un movimiento se basa en cómo una comunidad humana se ha visto a sí misma y se ha manifestado frente a los demás a lo largo del tiempo reclamando para sí derechos políticos. O eso dicen los expertos. Y de eso los leoneses sí que saben bastante: sin entrar en sucesos de los dos últimos siglos (Junta del Reino de León durante la francesada o la reclamación de un estado propio para León durante la I República), durante los últimos cuarenta años los leoneses se han manifestado como un grupo cohesionado en torno a símbolos que consideran propios. Uno es el del reino medieval de León, sí. Otros vienen de la cultura rural como el filandón, los pendones o el ramo leonés. Otros son lingüísticos como la lengua leonesa o el gallego. En cualquier caso, símbolos a los que se dota de nuevos significados adaptados a los nuevos tiempos, pero que de nada servirían sin la comunidad humana que se reconoce en ellos en el presente. Para el director de La Razón, presentado como historiador en el mencionado programa de televisión, el reino de León es muy cuestionable como raíz histórica de una comunidad autónoma. Pero esto no importa. Mitos del nacionalismo español como la Reconquista o el Imperio se sumen también en debates interminables. Lo que en realidad cuenta es el grupo humano que los usa como bandera y qué pretende con ello. Cuando los leoneses levantan estas enseñas están reclamando su identidad y su presencia en un Estado de las Autonomías que se niega a reconocérsela traicionando al espíritu que lo engendró.


