No son hoy los pastores protagonistas de casi nada. Pero lo fueron del invierno. Lo fueron del frío. Paramos el coche en medio de la carretera para que cruce el rebaño. En estos días de solsticio, de fiestas de Navidad, hay tardes en que el sol aguijonea como puede dejando caer sus destellos en el filo de la meseta. Es una ilusión, pues muy pronto oscurece. Pasan coches con prisa, parece que no quieren que les pille la noche. Cuando llegamos a la majada, solo quedan las luces de las bombillas, de las linternas. Las sombras se alargan cuando se acerca un tractor con sus focos encendidos. Trae las alpacas…