Después de la II Guerra Mundial, una preocupación cundió entre muchos intelectuales de todo occidente. Aún estaban muy vivas las imágenes de los campos de concentración nazis recién liberados que dieron la vuelta al mundo. Unas imágenes que pillaron por sorpresa a gran parte de la opinión pública: los montones de cadáveres esperando a ser quemados en hornos crematorios o los prisioneros, auténticos despojos humanos, que se acercaban tambaleándose a los soldados aliados con la sombra de la muerte en la mirada. Autores como Karl Jaspers se preguntaron cómo tanto horror podía haber sido sostenido por una sociedad entera en su conjunto. ¿Hasta dónde llegaba la responsabilidad? Para perpetrar aquel…