Todos los mapas tienen una malicia. Lo pienso mientras cruzo la frontera portuguesa. Las grandes piedras de granito, los robles que se juntan con las nubes plomizas del horizonte. Cuesta pensar que hemos atravesado un límite sino fuera por el cartel azul con el nombre del país vecino en medio de un círculo de estrellas. José Saramago comenzó aquí su Viaje a Portugal. Parado en medio del puente que cruza el Duero, con el motor en un país y el maletero en el otro, hablaba a los peces. Entre las dos imponentes paredes de piedra de los Arribes, les preguntaba a los habitantes de ese río-frontera por su nacionalidad y…