-Ese señor tan principal que ven ustedes —dijo doña Claudia medio asomada a una de las ventanas del palacio— llega por el Camino de Mérida a cuenta de las tormentas. Fíjense en esa apostura con la que monta el macho. Parece que aún es caballero en la tropa del mesié de la Angulem. ¡Si es que no ha pasado el tiempo por él! Con qué ímpetu desmonta a pesar de su edad, como si aún fuera el brigadier que sirvió en el ejército de Francia. Ya entonces lo conoció mi abuelo, en el sitio de Cádiz, con sus vistosos galones cosidos a su charretera y su penacho rojo de plumas…