En unos años se habrán muerto todos. Lo dice y se ríe. Y los demás también se ríen mientras la camarera retira los platos del postre, las tazas del café, pero las botellas no, déjalas ahí que esas las rematamos. Después despliega unos planos sobre la mesa. Por la ventana del restaurante se ven las últimas casas del pueblo, algunas medio caídas, con sus tejados de pizarra. Después la orilla del río y también el camino del monte. Y allá arriba las matas de carbayos y las peñas. Todo está lleno de peñas. Él ya nació en Barcelona, pero sus abuelos eran de aquí, sus padres fueron los que marcharon.…