Para nosotros, los niños de entonces, las historias de la guerra formaban, todavía en buena medida, parte de los territorios del mito y la leyenda. Bien es cierto que aquellos años de transición política de nuestra infancia trajeron apertura, películas y debates, pero todavía entonces, cuando a mi abuelo se le ocurría empezar a contar la historia de aquel amigo suyo al que se encontró acribillado por la espalda en una cuneta, junto a la Venta de la Tuerta, uno no podía evitar ver en las expresiones de los mayores un atisbo de miedo y de recelo. A la guerra, que había llegado como una traca brutal de pólvora seca,…