Pasarela.DAVID CAMPOS 2025
Contraportada,  Diario de León,  El Retrovisor

Adiosabedónde

Podríamos hablar aquí del Golden Gate o del Ponte Vecchio. Del arco y su tangente sobre el Duero del Ponte Don Luís, a su paso por Oporto. De su geometría fractal con sus turistas colgados por millares y de sus barcas de atrezzo con barriles encima. Ese crucigrama de metal que los camareros de las calles da Riveira nunca vieron, pero que los visitantes se llevan prendido en un pliegue olvidado de su teléfono móvil. Así, como si fuera para siempre.

Podríamos hablar también del puente que no existe en la desembocadura del Orinoco. Dicen que hay atardeceres en que solo se atreven a cruzar esta obra invisible grandes bandadas de guacamayas. Es un prodigio de la técnica, sin duda, que asombra al hombre blanco, pero que no hace dudar a la india Maichaka, que lo cruza cada noche. Cantando. Cantando por la red de manglares que cubre el delta. Hay puentes que sostienen siglos. Y son puentes que da miedo cruzar. Mira el puente de Móstar, o el de Remagen, de los que dudas que soporten su carga de siglos y de muertos. El puente sobre el Drina. Puente Milvio. El paso realzado dos veces sobre el Tajo junto a Alcántara. Otros, también, son pontones modestos. Algunos se hacían cada verano, aprovechando el lecho casiseco del río entre los cantos, cubiertos de tapines y de tierra. Pontones que cargaban con el sol estival y con los caminantes. Pontones que se hacían para que, al final del invierno, la ola de la crecida los llevara, estallados en astillas por el deshielo, trayendo cada año su muerte y su resurrección. Y son estos puentes los que al final tú siempre te encuentras. Los encuentras porque cruzarlos es una circunstancia sin medida, creyéndote caído al agua en cada paso, no sabiendo si, como en el Leteo, sabrás mirar atrás en la otra orilla. Un paso sí, el otro no. Y otro más que te sostienes. Hay tantos puentes de los que podríamos hablar, pero es que solo hay uno. Como los que Marco Polo cruzó en su único viaje. De aquí a China, en el otro lado del mundo, de un tiempo a otro tiempo. Hay puentes de piedra y puentes de madera, hay puentes de luz. Pasarelas. Hay puentes laberínticos que crecen y crecen y que alguien diseñó para los suicidas. Hay puentes y puentes. Puentes como este que hoy nos sostiene, un puente que nos lleva desde el ayer adiosabedónde.

Publicado originalmente en el Diario de León.