Camino del puerto.DAVID CAMPOS 2018
Contraportada,  Diario de León,  El Retrovisor

5 fantasmas

Sí, con 17 años. Se le quedó el pelo tan blanco como esa nieve que queda por esos altos de ahí arriba. Lo metieron en la cama, y hasta que no pasaron dos días no dijo esta boca es mía. Mi abuela contaba que le daba las sopas así, de poquitín, con la punta de la cuchara. Y digo yo que él tragaría por cumplir con el de arriba porque seguro que mi abuela no dejaría de rezarle allí al lado de la cama, que menuda beata era. Debió librar de milagro. Yo creo que pensaron que se moría porque hasta marcharon a Sosas a buscar a una paisana que decían que quitaba el mal de ojo, mancaduras y cosas de esas. Y él a mí tardó en contármelo, ¿eh? Yo siempre andaba al rabo de él: ¡padre, cuénteme aquello de las pantasmas que dicen los abuelos! Pero nada. Al final solo le saqué que en cuanto vio aquella procesión hizo el camino que bajaba de la mina de cuatro saltos. Y que, en cuanto llegó a la casa, le quedaron las fuerzas justas para dar unos golpes que casi no los oyen ni desde la cocina. Imagínense ustedes el susto de mis abuelos cuando lo vieron allí tirado, a la puerta, y con el frío que ya empieza a hacer para los Santos. Pues eso, que allí vendrían los gritos y los responsos, y a llorar que el rapá se les moría. ¡Si es que era un niño! Acababa de empezar a trabajar en aquel pozo y con ese susto ya no volvió más. Yo creo que hasta mis abuelos le vieron el lado bueno al asunto, que no saben ustedes cómo era la mina entonces, menudas tragedias.

Pues esto que les cuento de mi padre no fue lejos de la mina a la que les llevo. Y mis abuelos vivían bien cerca de donde dejaron ustedes el coche. Entonces la gente creía en cosas de estas. ¡Y a saber qué vio mi padre! Pero él, cuando murió, seguía con la idea de que había visto a los fantasmas. O a las pantasmas, que decía él. Si ustedes oyeron hablar de la Santa Compaña, esto que decía la gente de aquí debía ser algo parecido. Ya saben, que si los muertos andan por el mundo de los vivos y todo eso. También que hasta que no les cumplan un recado que dejaron pendiente aquí no pueden ir al mundo que les corresponde. Como si estuvieran fuera de sitio. Si lo piensan bien, con esto del accidente pasa algo parecido. Ahora lo verán ustedes. Cuando nos habíamos creído que no volveríamos a ver estas desgracias, van y sacan a cinco mineros de ese pozo. No a uno ni a dos, a cinco. Antes de que lo desmantelaran, cuando todos trabajábamos ahí, ya era horrible. ¿Pero ahora? ¡Cuando ya no nos queda ni la mina, van y nos siguen visitando los muertos!

Publicado originalmente en el Diario de León.