Campo de juegos.david campos 2025
Contraportada,  Diario de León,  El Retrovisor

El proyecto

En unos años se habrán muerto todos. Lo dice y se ríe. Y los demás también se ríen mientras la camarera retira los platos del postre, las tazas del café, pero las botellas no, déjalas ahí que esas las rematamos. Después despliega unos planos sobre la mesa. Por la ventana del restaurante se ven las últimas casas del pueblo, algunas medio caídas, con sus tejados de pizarra. Después la orilla del río y también el camino del monte. Y allá arriba las matas de carbayos y las peñas. Todo está lleno de peñas. Él ya nació en Barcelona, pero sus abuelos eran de aquí, sus padres fueron los que marcharon. A los otros les dice que está clarísimo, que esto no puede salir mal. Lo que pasa es que la gente de la comarca no le entiende, son viejos, algunos nunca salieron del pueblo y los que lo hicieron anduvieron toda la vida por ahí alante, por España, por el extranjero, todos trabajando como animales, no saben ver estas cosas del progreso. Pero en unos años se habrán muerto todos. Esto es bonito, a la gente de ahora les gusta venir a ver estos paisajes, comer en restaurantes mucho más arriesgados que este, pues no sé, por ejemplo con comida fusión. ¿Os imagináis un ramen con espuma de morcilla de esta que se hace aquí tan buena? Yo lo llamo experiencias inmersivas, aunque estos patanes lo llamen gilipolleces. Harían falta más terrenos para lo del parque, pero de eso ya te encargas tú ¿verdad, Julián? Algunas propiedades las podéis expropiar por ruina. Y de lo otro no te preocupes porque te van a seguir votando igual. Mirad, quiero que veáis cómo quedará el restaurante cuando me den los permisos. Va a ser una pasada. Protestará la gente del pueblo, seguro. Animales…

Salen a la puerta y él apunta al tejado, a las peñas, gesticula mucho, tanto que llena medio pueblo. Avanza y retrocede. Levanta los brazos en medio de la calle. Aquí irá el cenador, ¿veis? Y allí las claraboyas, y allí los espejos, mirad la parte de pum. Pum. Aureliano no suelta el volante después del frenazo que ha dado demasiado tarde. Mira absorto a los que corren, a los que gritan. El de Barcelona está tirado en el suelo y no responde. Lo incorporan, le dan palmadas, le gritan. Sangra por la nariz. Algunos hablan por el móvil con una mano en la frente. Luego llegarán los guardias y Aureliano dirá que pensó que era un saco de pienso, que él ya tiene noventa y tres años y que sí, que sigue conduciendo, pero vosotros ya lo sabíais, sabíais que yo me defiendo, no conduzco fuera del pueblo. Y ese hombre… ¡Si ya se lo dijimos! Le avisamos que el pueblo es tranquilo, pero que hay que tener cuidado con las calles, que están muy mal, que hace ya mucho que el alcalde no nos las arregla.

Publicado originalmente en el Diario de León.